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  • Son Trillizos

    Caaaaalma. Que no panda el cúnico.¡¡¡¡¡
    Es sólo en sentido figurado.
    Lo que ocurre es que la noticia de este nuevo hijo (a) me ha revolucionado el escenario y me ha hecho repetir sensaciones y sentimientos que parecían cosa del pasado.
    Ahora, que Iván y Belén son todos unos "pubertos", con sus rebeldías y distancias propias de la edad, la llegada de Maní-Maní (así le puso Belén) me ha hecho volver a mirarlos como a mis güagüitas y han vuelto a mi presente un montón de imágenes y vivencias queridas y apreciadas por mí.
    Por eso, de cierta forma, este nuevo nacimiento no involucra sólo a Maní-Maní, sino que ante mí estoy viendo un nuevo nacimiento de mis hijos mayores. Estoy más pendiente de lo qué hacen, de lo que necesitan, lo que dicen y lo que callan. Tolero más sus impertinencias, me río más de sus tonteras y me interesa más acompañarlos en sus cosas (justo ahora que ellos prefieren hacerlas solos. PLOP).

    Ahora entiendo que "nuestros hijos" serán siempre "nuestros niños" y, de paso, asumo que mi mamá seguirá preocupándose por mi a pesar de que le pida que no lo haga.

  • Que nazca sanito

    En mi familia tenemos una costumbre desde hace varios años: para cada cumpleaños y para Navidad, cada uno de nosotros hace una lista de los regalos que le gustaría recibir. De esta forma nos evitamos la incertidumbre de andar adivinando.
    Como es natural, hay regalos que por su alto costo se repiten año a año en la lista de alguien y ya bromeamos con ellos, como por ejemplo el Playstation de Iván o mis Obras Completas de Shakespeare.
    Con el paso de los años esta lista evolucionó. Ya no es una simple lista de supermercado o un catálogo de mall. De pronto empezó a incluir anhelos y esperanzas, cambios que creemos que nos pueden dar una vida más plena. A veces lo pedimos para nosotros y otras veces el deseo involucra a otros que queremos bien.
    De esta forma, la lista de Navidad de la Xime partió pidiendo que nuestro nuevo hijo "nazca sanito". Un deseo que todos compartimos y que es la forma de decirle a Dios que no pedimos nada más que salud, y que todo lo demás corre por cuenta nuestra.
    Debo decir que yo estuve a punto de pedir lo mismo en mi lista pero me pregunté ¿y si no es así, qué pasaría?.
    La verdad es que no me demoré mucho en contestarme y la respuesta fue rotunda: NADA. Nada de fondo cambiaría.
    Todos soñamos con que nuestros hijos sean sanos,grandes, fuertes y hermosos; además de inteligentes, capaces, bondadosos, creativos y responsables. Sin embargo, nuestro amor no nace por esos motivos. Los queremos única y exclusivamente porque son nuestros; sanos o enfermos; hermosos o feos; fuertes o enclenques, son nuestros y, al ser nuestros, irremediablemente pasamos a ser completamente de ellos. Incluso aunque no seamos "sanitos".

    Curioso, no?

    familia

  • Esas cosas que tiene la vida......

    Es curioso. Durante años estuve tratando de convencer a la Xime de que tuviéramos otro hijo y no hubo caso. Y ahora, cuando nuestros hijos son casi unos adolescentes y nos empezábamos a preparar para su alejamiento, apareció un nuevo heredero.
    Sinceramente, hace mucho tiempo que no sentía una felicidad tan grande, y no es porque en mi vida falten los momentos felices, sino porque es difícil comparar la paternidad con algún otro tipo de experiencia.
    Las mujeres normalmente nos discriminan diciendo que lo que una madre siente por sus hijos es único, y les creo. Sin embargo, no son capaces de darse cuenta de que lo que los padres sentimos por esos mismos hijos también es único.
    La intensidad de las emociones y sentimientos que un hijo genera es incomparable: sus alegrías me regocijan como a un cabro chico y sus dolores y tristezas me parten el alma (y no es metáfora).
    De vez en cuando me cargo a la introspección y hago el ejercicio de revisar mi vida. Lo típico, ¿qué he hecho bien?, ¿qué hecho mal?, mis mayores alegrías, mis mayores tristezas etc.
    Curiosamente la mayor tristeza que he sentido en mi vida no la sufrí por algo que me pasó, sino por algo que soñé, o más bien, por algo que "pesadillé".
    Una noche desperté llorando, el pecho me oprimía y respiraba apenas. Después de unos segundos de desorientación y angustia me dí cuenta de que había tenido una pesadilla en la cual ví al Peladito sufrir un accidente y se me moría.
    Yo sabía que no era verdad, eso no había ocurrido, era mentira, y sin embargo no pod�a sacarme el dolor de encima. Me clavaba el pecho como una estaca y no me dejaba moverme. Era casi como estar dentro de un ataúd y no poder salir por más que lo intentase.
    Nunca, nunca he sentido un dolor tan grande como ese. Y era una simple pesadilla!!
    Como contrapartida, mis momentos de mayor felicidad han sido, por lejos, el del nacimiento de mis hijos.
    En más de una oportunidad he señalado que me importa poco en qué trabajar o qué profesión poseer, porque la única vocación real que tengo es la de ser padre: nací para querer a mis hijos, para cuidarlos, para enseñarles lo poco que se, para ayudarlos a llevar sus vidas hacia donde ellos escojan y para verlos partir cuando se sientan listos.

    ¿Qué puede ser mejor que eso?

    Foto Oficial del Nuevo Heredero

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